TEMA 11: LAS NUEVE ACTITUDES DE LA SADHAKA DIARIA

Vemos a menudo que aunque a muchos de nosotros les gustaría llevar una vida espiritual y tener por meta la unión con el Divino, sin embargo pasan los días, los meses y los años sin contribuir de manera alguna a nuestro progreso en el sendero elegido. Para nuestra total consternación, descubrimos que hemos estado casi estancados en el mismo lugar, o incluso hemos retrocedido. Pero ¿cuál es la razón que hay detrás de este extraño fenómeno casi universal?

La única razón es que nuestra búsqueda del Divino y de la vida espiritual carece de un compromiso sincero y de una intensidad suficiente. No está sustentada por ninguna voluntad ardiente, surge a causa de un tibio deseo y de un afán de realización del que se puede prescindir fácilmente. La actitud habitual del sadhaka medio adopta esta forma lamentable: “Si la vida espiritual se cruza en mi camino, tanto mejor; pero, si por la razón que sea no lo hace, no me importa demasiado. Puedo contentarme con ofrecer un homenaje en palabras a mi aspiración; la no realización de mi aspiración en una práctica real es un asunto absolutamente secundario que ni siquiera perturbará mi paz”.

Con ese deseo anémico y falta de fervor, nadie puede esperar construir la vida de sadhana: eso es casi imposible. Así pues, lo primero y principal a lo que un sadhaka debe prestar atención, si anhela algún progreso perceptible, es crear y mantener en su consciencia, de modo ininterrumpido, un ímpetu verdaderamente vivo y sincero hacia el Divino y hacia la manifestación divina. Las siguientes palabras de la Madre deben abrir nuestros ojos y ayudar a liberarnos de cualquier disposición de complacencia indolente: “¿Es el Divino la suprema realidad de tu vida, hasta tal punto que es simplemente imposible para ti actuar fuera de esa realidad? ¿Percibes que tu verdadera razón de ser es el Divino y que sin Él carece de significado tu existencia? Si es así, sólo entonces puede decirse que sientes una llamada para el sendero.

También Sri Aurobindo, en su obra The Synthesis of Yoga, ha establecido la misma condición previa: “El sadhaka ideal debe ser capaz de decir en palabras bíblicas la frase, “Mi celo por la casa del Señor me consume” Por tanto, edificar este “celo por la casa del Señor”, “el celo de toda la naturaleza por una realización divina, el deseo ardiente del corazón y de la mente por la realización del Divino”, debe ser la preocupación constante del sadhaka durante todo el transcurso diario de su vida. Y para ello debe adoptar una sadhana diaria de nueve actitudes:

1.- Ser consciente

Nuestra incorregible naturaleza actual está plagada de defectos, puntos flacos e imperfecciones de muchas clases, conocidas y consentidas, o desconocidas y ocultas tras los velos en el subconsciente. En una sadhana lograda debemos llegar a ser conscientes de todos estos defectos y erradicar su manifestación, constantemente y asiduamente, si deseamos que nuestra sadhana sea realmente efectiva. Cuando una vez se le preguntó a la Madre qué tenía que hacer uno para prepararse para el yoga, contestó de esta manera: “Antes de nada, ser consciente”. Somos conscientes únicamente de una porción insignificante de nuestro ser; somos inconscientes de su mayor parte. Es esta inconsciencia la que nos mantiene bajo nuestra impenitente naturaleza e impide el cambio y la transformación en ella. A través del inconsciente las fuerzas no divinas entran en nosotros y nos esclavizan. Tienes que ser consciente de ti mismo, debes despertar tu naturaleza y movimientos, debes saber por qué y cómo haces las cosas, las percibes o las piensas; debes comprender tus motivos e impulsos y las fuerzas, ocultas y aparentes, que te mueven; en realidad, debes, por así decir, desmontar la maquinaria entera de tu ser.

“Una vez que eres consciente, significa que sabes distinguir y analizar las cosas, que sabes ver qué fuerzas te empujan hacia abajo y cuáles te ayudan a continuar.

Y cuando sabes distinguir lo bueno de lo malo, lo verdadero de lo falso, lo divino de lo no divino, tienes que actuar según tu conocimiento; es decir, rechazar decididamente lo uno y aceptar lo otro.

La dualidad se presentará a cada paso y a cada paso tendrás que elegir. Deberás ser paciente, persistente y vigilante, “despierto”, como dicen los adeptos, debes negarte siempre a dar oportunidad de ninguna clase a lo no divino frente a lo divino”.

2.- Estar vigilante

Pero rechazar las fuerzas no divinas y aceptar las divinas a cada paso requiere una constante vigilancia por parte del sadhaka durante todo el período de consciencia de vigilia de su vida diaria. Y esta vigilancia debe actuar de dos maneras diferentes, ambas igualmente esenciales, para el mantenimiento de un progreso estable en el sendero del yoga integral. Estas dos maneras son: 1º detener las tentaciones y no caer nunca; y 2º estar al acecho de las oportunidades para registrar un avance hacia delante. Dejemos que la Madre dilucide este doble procedimiento en la sadhana:

“Cuando deseas hacer sadhana, en cada instante de tu vida se plantea la elección entre optar por el camino que conduce a la meta y el de dormirte, o algunas veces incluso retroceder, y te dices: “!Oh!, más tarde, ahora no”, y te detienes en el camino.

“Estar vigilante no es simplemente resistir a lo que te tira hacia abajo, sino sobre todo estar atento para no perder ninguna oportunidad de progresar, ninguna oportunidad para superar una debilidad, para resistir a una tentación, ninguna oportunidad para aprender algo, para corregir algo, para dominar algo. Si estás vigilante puedes hacer en pocos días lo que de otro modo tardaría años. Si estás vigilante, transformas cada circunstancia de tu vida, cada acción, cada movimiento, en una ocasión para acercarte más a la meta.

“Hay dos clases de vigilancia: activa y pasiva. Hay una vigilancia que te avisa si estás a punto de cometer un error, si estás haciendo una elección equivocada, si estás siendo débil o si permites que te tienten; y existe la vigilancia activa que busca una oportunidad para progresar, busca utilizar cada circunstancia para avanzar más rápidamente.

“Hay una diferencia entre evitar caer y avanzar con mayor rapidez.

Y ambas son absolutamente necesarias”. (Preguntas y Respuestas)

3.-Retroceder

La vigilancia hará al sadhaka consciente de la situación que tiene ante sí. Pero esto no es suficiente. Porque, una vez que uno es consciente, el elemento más importante que va a determinar el destino espiritual del sadhaka es el modo en que va a evaluar la situación y su decisión sobre la acción y reacción consiguientes. Por lo tanto, junto al ejercicio de un espíritu de constante vigilancia, el sadhaka del yoga tendrá que efectuar otra sadhana psicológica en cada instante de su vida diaria. Esto es lo que la Madre ha llamado de forma pintoresca “retroceder”. Resumiendo, en la práctica nunca se debe actuar o reaccionar sin pensar en cualquier evento, situación o circunstancia, más bien hay que aprender a establecer un intervalo de tiempo suficiente entre el estímulo recibido en cualquier momento y la respuesta que él va a darle. Debemos adquirir la capacidad de adentrarnos profundamente, de “retroceder” hacia el interior de uno mismo, y de observar y juzgar de un modo perfectamente desapasionado e impersonal aquello que es verdaderamente útil para la sadhana y aquello que no lo es. No se debe permitir ninguna racionalización o legitimación en cuanto a las debilidades y preferencias propias. He aquí las palabras de la Madre en relación a lo que debe hacer un sadhaka: “No prestarse a las fuerzas superficiales que se mueven en el mundo exterior. Incluso si tienes prisa en hacer algo, retrocede por un momento…Conserva siempre tu paz, resiste a toda tentación de perderla. No decidas nunca nada sin retroceder, nunca digas una palabra sin retroceder; nunca te lances a la acción sin retroceder

Debe mencionarse otro punto importante: el sadhaka debe desarrollar al mismo tiempo el sentido de la proporción y una perspectiva adecuada. No debe exagerar sin justificación la importancia o la gravedad de los acontecimientos que le afecten en ese momento. Debe evaluarlos en el trasfondo de la infinitud del espacio y de la eternidad en el tiempo. Esto tendrá un efecto más saludable sobre su consciencia y su actitud. Porque entonces el presente perderá toda su agudeza e insistencia y dejará de aparecer enorme ante su percepción. Después de todo la Madre ha manifestado con energía que: “Todo lo que pertenece al mundo ordinario es impermanente y fugaz, de manera que no vale la pena preocuparse. Lo que es perdurable, eterno, inmortal e infinito si vale la pena tenerlo, conquistarlo, poseerlo. Es la luz divina, el amor divino, la vida divina, es también la paz suprema, el gozo perfecto, el dominio absoluto sobre la tierra con la manifestación completa como coronación. Cuando percibes el sentimiento de relatividad de las cosas, entonces, ocurra lo que ocurra, puedes retroceder y observar; puedes permanecer tranquilo y llamar a la fuerza divina y esperar una respuesta. Entonces sabrás exactamente qué hay que hacer”.

Luego viene otra sadhana diaria que el sadhaka nunca debe descuidar. Es “no manifestar en la acción”.

4.-No manifestar en la acción

Vamos a tratar de explicar la técnica de esta sadhana. Todos sabemos que un sadhaka del yoga integral acepta la vida en su integridad, pero sólo para transformarla completamente. No sigue el sendero escapista de las sadhanas tradicionales que aconsejan al aspirante espiritual ponerse en cuarentena mientras le sea posible para quedar a salvo de las tentaciones y dificultades que van a abrumar personas y a la confrontación con diversos acontecimientos y situaciones de la vida.

Pero, en lo que se refiere a nuestra sadhana, hemos fijado como meta la transformación divina de nuestra naturaleza humana actual y una victoria sobre las fuerzas de la vida. Porque, como Sri Aurobindo nos ha recordado: “La Divinidad que adoramos no es solamente una realidad extracósmica remota, sino también una manifestación semivelada, presente y cercana a nosotros, aquí, en el universo. La vida es el campo de una manifestación divina todavía incompleta: aquí, en la vida, sobre la tierra, en el cuerpo…tenemos que revelar a la Divinidad, tenemos que hacer reales a nuestra consciencia su grandeza trascendente, su luz y su dulzura, poseerla aquí y, en la medida de lo posible, expresarla”. (La Síntesis del Yoga)

Siendo este el propósito de nuestra sadhana, debemos lanzarnos de cabeza, sin miedo ni titubeo alguno a las diferentes actividades de la vida. Sin embargo, esto tendrá sus consecuencias negativas: esta aceptación de la vida no puede sino incrementar inmensamente nuestra lucha. Porque nuestra naturaleza, con todos sus defectos, impulsos e instintos, conocidos y no conocidos, abiertos u ocultos, será provocada a cada paso para actuar y reaccionar de un modo no espiritual, porque ésta es su actual svadharma (ley verdadera del ser). Todos los elementos oscuros inherentes a la naturaleza humana presente saldrán de sus madrigueras al contacto con el mundo, emergerán e invadirán nuestra existencia dinámica exterior buscando una manifestación desenfrenada en ella.

En cualquier momento, especialmente en aquellos de decisión crítica, el sadhaka del sendero integral descubrirá que su campo psicológico está convirtiéndose en el terreno de choque de muchas fuerzas e influencias diferentes, del pasado o actuales, interiores y exteriores, propias o importadas de otros. Crean, mediante sus operaciones combinadas, un resultante psicológico que empuja enérgicamente al sadhaka a un comportamiento especial de acción y reacción. El sadhaka pierde, por el momento, toda libertad de elección y queda incapacitado para pensar, sentir, querer, actuar y reaccionar excepto de la manera particular dictada por el resultante. ¿Qué debe hacer, entonces, en tal situación de precariedad?

Dejemos que la gente mundana sucumba al pulso resultante, que lo extienda y le dé una expresión libre. Pero el sadhaka, siendo un sadhaka, no puede hipotecar su libertad a tal innoble modo de proceder. Debe rechazar, sin excepción, todas las ofensivas incompatibles con la meta que se ha impuesto de llevar una vida espiritual. Pero el rechazo no es nunca un asunto fácil. Esta actitud encuentra inevitablemente una resistencia muy seria procedente de los hábitos arraigados y del impulso de los instintos, entonces el sadhaka puede sentirse tentado a dar salida al abrumador impulso, esperando vanamente que solucionarlo a través de la experiencia pueda quizás agotar su poder de recurrencia en el futuro. Pero el resultado será justamente el contrario. La debilidad se hará, gracias a ello, más intensa, cobrará mayor vida y continuará perturbando al sadhaka cada vez más. Sri Aurobindo previno una vez a un sadhaka contra tal falsa teoría. Esto es lo que dijo: “..tú siempre has pensado que dar expresión a un impulso o movimiento es el mejor modo, o incluso el único modo, de rechazarlo. Pero esta es una idea equivocada. Si tú das expresión a la ira, prolongas o confirmas el hábito de recurrencia de la ira, no lo reduces ni te desprendes del hábito. El primer paso para debilitar el poder de la ira en la naturaleza, para luego desprenderte de ella, es rechazar toda expresión de la misma tanto en la acción como en la palabra. Después puede uno continuar, con mayor probabilidad de éxito, alejándola asimismo del pensamiento y de los sentimientos. Y así con todos los demás movimientos falsos…”(Cartas sobre el Yoga Integral)

El método para conseguir una victoria sobre los malos impulsos, que Sri Aurobindo ha sugerido más arriba, es lo que la Madre ha calificado como “Ne pas manifestar Dans l´action” –“no dar expresión en la acción”. En una de sus conversaciones de grupo en 1953, expuso en detalle la técnica de esta sadhana. Lo que sigue a continuación se inspira en lo que dijo a los ashramitas en esa ocasión. (Preguntas y Respuestas)

Siempre que uno se enfrenta a un mal impulso que viene de su interior, que busca con fuerza un medio de expresión, da normalmente una débil excusa parecida a esta: “Bien, si lo hago esta vez, me convenceré de que es al fin y al cabo malo, y no lo haré más. En realidad, es la última vez que me permito hacerlo, con la loable intención de convencerme de su indeseabilidad para la experiencia presente, lo que seguramente me purificará y la eliminará de forma efectiva”.

Pero este método no funciona en absoluto; porque la teoría no está basada en hechos psicológicos de la naturaleza humana. En lugar de ser purificado, uno queda todavía más absorbido en el impulso y en la debilidad, haciéndose cada vez más difícil una liberación futura.

No; en vez de ceder a la debilidad aunque sea una sola vez, el sadhaka debe tomar una resolución firme a la primera ocasión y decirse: “Bien, esta vez no lo haré, aplicaré toda mi fuerza para impedir su expresión tanto en la palabra como en la acción”.

Sí, hay que concentrarse únicamente en conseguir esta primera victoria sobre el impulso. Cualquier salida del impulso momentáneo que esté buscando expresarse a través del sadhaka, debe ser bloqueada completamente: no es necesario desperdiciar, por el momento, la energía o el esfuerzo que el sadhaka tendría que desplegar para abordar la agitación interior de su consciencia.

Evidentemente, la incitación, el deseo, la pasión, seguirán ahí en el corazón del sadhaka agitándose y resolviéndose, pero él resiste su manifestación en el exterior. Esto no significa reprimir, sólo se trata de una estrategia de batalla. Hay que mantenerse en pie como una roca y tener la determinación de no ejecutar el dictado sugerido por el impulso en la acción.

Si el sadhaka puede hacer esto cada vez que el impulso resultante se hace fuerte, descubrirá que la incitación insistente va perdiendo gradualmente su intensidad: además disminuirá progresivamente la frecuencia de su aparición. Porque, como la Madre ha señalado:

Todas las fuerzas que hay sobre la tierra tienden a expresarse. Estas fuerzas llegan con el objetivo de manifestarse, y si colocas una barrera o rechazas su expresión, intentan golpear contra la barrera durante un tiempo, pero al final, se agotarán y no se manifestarán, se retraerán…

El sadhaka pasará entonces a la siguiente fase de la operación de despeje. Intentará liberar su consciencia de la turbulencia del deseo. Habrá todavía muchas batallas por librar en el plano psicológico, pero si el sadhaka practica seria y sinceramente el desapego de la perturbación, poco a poco llegará con toda seguridad un momento en el que la vibración negativa no aparezca ya.

La Madre concluye su explicación con estas palabras de consejo:

“El orden eficaz es comenzar desde fuera: “Lo primero de todo es no hacerlo, después no desearlo, y a continuación, cerrar completamente mis puertas a todos los impulsos: no existen para mí, estoy ahora fuera de todo eso”. Éste es el verdadero orden, el orden auténticamente efectivo. Primero no hacerlo. A continuación, no desearlo y luego, que desaparezca completamente de tu consciencia”.

Este “ne pas manifestar Dans l´action” –“no convertirlo en acción”- debe ser una práctica del sadhaka, no de Pascuas a Ramos, u ocasionalmente, sino de manera permanente, muchas veces al día, a lo largo de toda la práctica de su sadhana.

5.- Integrar al ser

Una de las mayores tragedias que comprometen el progreso espiritual de muchos sadhakas es que no se preocupan suficientemente de armonizar las diferentes partes de su ser. Funcionan como personalidades semidivididas en su vida de sadhana que por fuerzas e influencias muy divergentes empujan y estiran al mismo tiempo en direcciones contrarias.

De hecho, cada ser humano, como Sri Aurobindo ha señalado, es, en su constitución normal, un compuesto, no de una, sino de muchas personalidades, y cada una de estas personalidades tiene sus propias exigencias y su naturaleza diferenciada. La misma situación prevalece asimismo en el caso de un sadhaka, especialmente cuando comienza su sadhana, y aún mucho tiempo después. Su ser presenta la apariencia de un caos toscamente constituido: cada parte del ser subjetivo del sadhaka – su intelecto, su voluntad, su mente-sentido, su ego-deseo, el corazón, el cuerpo-tiene, por así decir, su propia individualidad compleja e independiente de las demás; ni se pone de acuerdo consigo misma ni con las demás. Por consiguiente la consciencia habitual de superficie del sadhaka actúa como una mezcla heterogénea y armoniosa.

Y “esta es la razón de que exista una constante confusión e incluso un conflicto en nuestras diferentes partes que nuestra razón mental y nuestra voluntad intentan controlar y armonizar, encontrando con frecuencia mucha dificultad en crear algún tipo de orden y guía a partir de dicha confusión o conflicto; aun así, habitualmente, estamos demasiado dispersos o nos dejamos llevar por la corriente de nuestra naturaleza y actuamos desde cualquier cosa que llegue en un momento determinado y se imponga sobre los instrumentos de pensamiento y acción…; incluso nuestra elección, aparentemente premeditada, tiene más de automatismo de lo que imaginamos…”

(Sri Aurobindo, La Vida Divina)

El sadhaka debe ir mejorando este estado de cosas con toda la perspicacia de que sea capaz, se verá obligado en el transcurso de su sadhana a destruir constantemente con una mano lo que construye con la otra. La “integración del ser” debe ser su contraseña. No debe actuar como una veleta, que cambia su orientación con el viento. Su corazón, su mente y su voluntad no se deben dejar fascinar separadamente por elementos contrarios: “Cada parte del ser debe venerar el mismo Sol”. El “Sol” es aquí, evidentemente, el Divino y la vida divina. Éste debe el esfuerzo consciente y constante del sadhaka en su comportamiento diario.

6.- Observar, vigilar, controlar, dominar

Como parte de su sadhana regular de cada día, el sadhaka del yoga integral debe aprender a desarrollar en sí mismo la consciencia testigo, que observa constantemente de un modo desapegado y desapasionado todo cuanto ocurre en su naturaleza. Esta consciencia testigo debe crecer con el tiempo hasta llegar a ser una consciencia anumanta (dadora de sanción) que tiene la doble función de proporcionar el consentimiento al movimiento de la naturaleza o de retirar su consentimiento dependiendo de la libre elección del testigo. Es una plataforma verdaderamente útil en nuestra sadhana de transformación; porque de esta manera el ser interior desapegado del sadhaka puede traer la fuerza de la consciencia superior para tratar de transformar la naturaleza en su totalidad, observando durante todo el tiempo la acción de la naturaleza sin que en modo alguno quede afectado por ella, aplicando la fuerza transformadora allí donde sea necesario y poniendo en orden la totalidad del ser igual que uno ajusta una máquina.

El Sadhaka de nuestro sendero debe practicar este ejercicio psicológico de forma ininterrumpida durante su vida diaria. No debe actuar o reaccionar mecánicamente, siendo arrastrado involuntariamente por la corriente de su naturaleza con la que está completamente identificado.

Ha de estar siempre pendiente de los movimientos de la naturaleza e intervenir activamente cada vez que surja la necesidad. Sri Aurobindo ha explicado en una de sus cartas sobre el yoga la razón de este procedimiento en la sadhana. He aquí un pasaje relevante de esa importante carta:

“El Purusha en lo alto no es sólo un testigo, es el dador (o detentador) de la sanción; si rechaza persistentemente el consentimiento a un movimiento de la Prakriti, manteniendo su desapego, entonces tal movimiento, incluso si continúa algún tiempo por la inercia del pasado, habitualmente va perdiendo su influencia, se hace más débil, menos persistente, menos concreto, y al final se desvanece…Este rechazo de la sanción no significa necesariamente una lucha con la Prakriti inferior; debe ser un rechazo tranquilo, persistente, desapegado para dejar sin apoyo, sin aprobación, sin sentido ni justificación, la acción contraria de la naturaleza”. (Cartas sobre el Yoga Integral)

La madre también ha expuesto de una manera muy simple estos cuatro pasos de la sadhana que ha bautizado como el método de “observación, vigilancia, control y dominio”. La Madre hizo una exposición muy simple a propósito, dirigida a los niños del Green Group del Sri Aurobindo Ashram que tenían menos de doce años. Todo cuando se dice a continuación es una adaptación libre del procedimiento delineado por ella:

Hay cuatro movimientos que normalmente son consecutivos, pero que al fin pueden ser simultáneos: observar los pensamientos y sentimientos de uno, es el primero; vigilar los pensamientos y sentimientos de uno, es el segundo; controlar los pensamientos y sentimientos de uno, es el tercero; y dominar los pensamientos y sentimientos de uno, es el cuarto. Observar, vigilar, controlar, dominar. Todo esto para librarse de una mente nociva.

Una mente purificada es, naturalmente, una mente que no admite ningún pensamiento ni sentimiento falsos, y el completo dominio para llegar a este resultado supone la realización definitiva de las cuatro etapas.

Especialmente la primera –observar los propios pensamientos y sentimientos- no es algo fácil. Para observar tus pensamientos y sentimientos debes, ante todo, distanciarte de ellos. Entonces, el primer movimiento es dar un paso atrás y observarlos, de manera que el movimiento de la consciencia que observa y el de los pensamientos y sentimientos no puedan ser confundidos.

Ahora viene el segundo paso: vigilar los pensamientos y sentimientos de uno. Aprender a mirarlos como un juez ilustrado de manera que puedas distinguir entre los buenos y los malos, entre aquellos pensamientos y sentimientos que son útiles y los que son perniciosos, entre los movimientos constructivos que conducen a la victoria y los derrotistas que nos alejan de ella. Es este poder de discernimiento el que debemos adquirir en esta segunda etapa.

A continuación llega la etapa del control; éste es el tercer paso de nuestra disciplina psicológica. Una vez que el juez ilustrado de nuestra consciencia ha distinguido entre los pensamientos y los sentimientos útiles y los perniciosos, llegará el guardián interior que permitirá solamente el paso de aquellos pensamientos y sentimientos ratificados, rechazando estrictamente la admisión de todos los elementos indeseables. Es este movimiento de admisión y rechazo el que conocemos como control, y constituye el tercer estadio de la disciplina.

El cuarto estadio, el del dominio de los movimientos falsos, va a completar casi automáticamente y con éxito los tres estadios previos. Porque una total sinceridad por parte del sadhaka le hará inmune, en la práctica, a los ataques de las fuerzas indeseable”.

Un auténtico sadhaka debe poner en acción en todo momento esta cuádruple disciplina de “observar, vigilar, controlar y dominar”. Debe rehuir, a toda costa, ser insincero en su profesión. Porque la falta de sinceridad es, como ha señalado la Madre, “fingir que deseas vivir la vida espiritual y no hacerlo, fingir que deseas buscar la verdad y no hacerlo, ostentar signos externos de consagración a la vida divina, pero estar interesado interiormente sólo por uno mismo, por el propio egoísmo y por las propias necesidades”. (Preguntas y Respuestas)

7.- Tomar la vida en serio

Queriendo despertar a algunos sadhakas del Ashram de Sri Aurobindo de su habitual torpor y letargo, la Madre les dirigió una severa advertencia con estas palabras:

“Debéis daros prisa en hacer vuestro trabajo aquí, porque es aquí donde verdaderamente podéis hacerlo. No esperéis nada de la muerte. La vida es vuestra salvación. Es en la vida donde debéis transformaros. Es en la tierra donde progresáis, y es sobre la tierra donde os realizáis. Es en el cuerpo donde alcanzaréis la Victoria”. (Preguntas y Respuestas)

Siendo tal la importancia de la vida humana sobre la tierra en un cuerpo material, surge la pregunta: ¿Son los sadhakas, en general, conscientes de esta importancia? ¿Aprovechan cada momento de su vida para cumplir con su responsabilidad? ¿O simplemente pasan sus días como hace la mayoría de los seres humanos ordinarios?

La respuesta a estas preguntas no es muy gratificante. Porque de hecho la mayoría de los que hemos tomado deliberadamente el sendero de la sadhana espiritual nos olvidamos de nuestra meta pasado algún tiempo o, perdiendo todo ardor de nuestra voluntad, somos propensos a relegar la realización de nuestra aspiración fundamental a la vejez de nuestra vida. Comenzamos viviendo una existencia rutinaria y dejamos de recordar, en la práctica, por qué estamos aquí en la tierra y qué se espera de nosotros como sadhakas del sendero integral.

En realidad hay tres clases de personas entre los seres humanos. La mayoría están satisfechos con llevar una vida ordinaria, animal y material. Unos pocos, puede ser un diez por ciento, tratan de llevar una vida más mental, pero su modo de vida es muy limitado. Y por último existe una minoría insignificante que aspira a una vida espiritual mayor, a una vida divina.

Lo que distingue al hombre de las especies subhumanas es un ideal de perfección conscientemente percibido, que uno puede anhelar esperanzadamente y alcanzar, a través de esfuerzos personales adecuados y apropiados.

Pero, ¿cuál es la naturaleza exacta de esta perfección? No existe un acuerdo universal entre los hombres; difieren ampliamente en sus puntos de vista. La mayoría trata de conseguir un cambio mundano adecuado; algunos ansían una conversión religiosa y se fijan como meta una autopreparación suficiente en esta vida para otra existencia después de la muerte; sólo unos pocos se atreven a concebir como la meta de su vida un modo de vida espiritual que tiene como última consumación la unión con el Divino. Entre estas personas mentalizadas espiritualmente, nosotros, los sadhakas del yoga integral, nos distinguimos especialmente por nuestro audaz objetivo de realizar la perfección divina del ser humano aquí sobre la tierra misma. Después de todo, ése es el propósito verdadero de la vida, porque es la meta secreta que la naturaleza terrestre le impone desde el momento que comenzó a poner en funcionamiento su vida de forma evolutiva sobre este planeta. Para citar a Sri Aurobindo:

“Toda vida es un yoga secreto, un oscuro crecimiento de la naturaleza hacia el descubrimiento y realización del principio divino oculto en ella, que cada vez se hace menos oscuro, más autoconsciente y luminoso, más autoposeído en el ser humano mediante la apertura de todos sus instrumentos de conocimiento, voluntad, acción y vida al espíritu dentro de él y en el mundo”. (La Síntesis del Yoga)

Quienes hemos elegido deliberadamente el yoga integral como el camino de nuestra vida no debemos olvidar que la meta de la vida humana no es exactamente llevar una existencia animal gloriosa de forma suntuosa sino acelerar el advenimiento del supremo propósito divino de existencia sobre la tierra. Es cierto que la mayoría de los hombres son totalmente inconscientes de este profundísimo significado y esencia de la existencia humana. Así que dejémosles vivir como mejor crean. Pero ¿qué debemos hacer nosotros, que nos hemos declarado practicantes del yoga sintético de una perfección divina integral? Como sadhakas, ¿estamos cumpliendo nuestra responsabilidad con la sinceridad apropiada? ¡Creo que no! Muchos de nosotros pasamos nuestro tiempo en vanas actividades mundanas siguiendo la disposición común de los seres autoolvidadizos. Mantenemos nuestra promesa espiritual casi marginada, relegándola al estatus de una simple nota de pie de página de nuestra vida.

Pero esto es impropio. Debemos tomar la vida más seriamente y realizar el propósito verdadero de nuestra encarnación humana. Tenemos que aprender lo que la Madre ha denominado como “ciencia de la vida” y aplicar sus principios en cada momento de nuestra existencia diaria de manera que nuestro peregrinar sobre la tierra no quede frustrado. Debemos tomar la vida con la seriedad que merece si queremos llamarnos sadhakas del sendero integral.

8.- Recordar y ofrecer

El Karma yoga, la sadhana a través de las obras, es una parte absolutamente esencial del yoga integral. Siendo nuestro objetivo la entera transformación de nuestra naturaleza en todos sus detalles, la simple meditación sedentaria o una efusión de devoción en un éxtasis no nos ayudarán en la realización de nuestra meta. De este modo podemos reunir alguna experiencia interior, pero nuestra naturaleza exterior permanecerá en su mayor parte como antes, sin transformar. Para que haya una transformación completa debemos llevar a cabo una unión dinámica con el Divino. Y esto no puede ser efectuado más que a través de nuestra autoentrega al Supremo por medio de las obras. Y no sólo a través de unas pocas obras relevantes o de gran importancia, sino que todas las acciones de nuestra vida diaria, triviales o significativas, que cubren la totalidad de nuestra existencia, deben ser ofrecidas al Divino con un espíritu de absoluta autoconsagración. Todas las obras deben ser hechas para el Divino y por el Divino exclusivamente.

La sadhana del yoga integral no puede practicarse de un modo descuidado o con un espíritu frívolo. No se concibe algo así como una sadhana a tiempo parcial: debe ser íntegra y abarca toda la vida en s conjunto. Cómo Sri Aurobindo tan vigorosamente formul: “El secreto del éxito del yoga consiste en considerarlo, no como una meta más a perseguir en vida, sino como la totalidad de la vida”. (La Síntesis del Yoga)

Así pues, ésta debe ser la actitud del sadhaka: “La totalidad de mi vida será entregada absolutamente al Divino. Todos mis esfuerzos serán dedicados a la realización de una vida verdaderamente espiritual. Debo sentir en cada momento que pertenezco al Divino y a nadie ni a nada más. Ya no tengo nada que pueda denominarse “mío”. Sabré y sentiré que todo me viene del Divino y que debo devolverlo ofreciéndolo a su única fuente. Tolo lo que soy, todo lo que tengo y todo lo que hago, debe ofrecerse al Divino con un espíritu de total dedicación”.

Si el sadhaka puede recordar esta determinación en cada momento de su vida cotidiana y llevarla a la práctica de manera ininterrumpida, su vida entera se tornará en una sadhana viva y dinámica, e incluso la cosa más insignificante, a la que antes apenas solíamos prestar atención, dejará de ser trivial y banal; llegará a tener un significado pleno y abrirá un vasto horizonte hacia lo desconocido.

Para hacer de su vida una sadhana vibrante y fecunda, el sadhaka tiene que dedicar todas sus acciones al Divino durante todo el tiempo de su existencia de vigilia. Debe ofrecer todos sus movimientos al Supremo, no sólo cada acción mental, cada pensamiento y cada sentimiento, sino también las actividades más ordinarias y exteriores. Caminando, hablando con los amigos, mientras lee o escribe, cuando se baña, come, se cepilla los dientes, o se hace la cama, todo, todo sin excepción debe ser consagrado conscientemente al Divino, haciéndolo con el constante recuerdo de que su amado supremo está siempre mirándole: debe ejecutar cada acción, incluso la más anodina, tan perfectamente como pueda, con toda la atención consciente de que sea capaz, porque va a ofrecerla al Divino, como un perfecto ramo de flores fragante y bello. Merece la pena recordar aquí lo que Sri Aurobindo ha dicho en relación con el deber diario de un sadhaka del yoga integral: “Esto es, en resumen, lo que se nos pide dirigir toda nuestra vida hacia un sacrificio consciente. Cada instante y cada movimiento de nuestro ser deben convertirse en una continua y consagrada entrega al Eterno. Todas nuestras obras, tanto las más pequeñas ordinarias e insignificantes como las más grandes, excepcionales y nobles, deben ser realizadas como actos consagrados. Nuestra naturaleza individualizada debe vivir en una única consciencia de un movimiento interior y exterior consagrada a Algo que nos sobrepasa y superior a nuestro ego. Sea cual sea el regalo y a quién se lo ofrezcamos, ha de existir en la acción la consciencia de que nuestra ofrenda es al único ser divino en todos los seres”. (La Síntesis del Yoga)

9.- Orar, orar y orar

La vida del sadhaka debe ser una vida de constante oración. Llamarla “oración”, o “aspiración”, e incluso denominarla “llamada”, no tiene mucha importancia. Lo que verdaderamente interesa es una sincera y persistente petición al Supremo de ayuda e intervención del Divino en nombre del sadhaka.

Después de todo, desde un punto de vista espiritual, no es lo que el Divino nos ofrece en respuesta a nuestra llamada, aunque sea de una importancia fundamental. El valor esencial es el establecimiento de un amor y de un vínculo íntimo con el amado divino. Tal como Sri Aurobindo lo formula: “No es …el don de la cosa pedida lo que importa, sino la relación misma, el contacto de la vida del hombre con Dios, el intercambio consciente. En los asuntos y en la búsqueda de beneficios espirituales, esta relación consciente tiene un gran poder, mucho mayor que la lucha y el esfuerzo, basado solamente en nosotros mismos, y proporciona un crecimiento y una experiencia espirituales más plenos”. (La Síntesis del Yoga)

La aspiración de todo sadhaka debe ser de alcanzar, más pronto o más tarde, un estado de consciencia en el que busque al Divino, no por algún beneficio posible, por más grande o noble que sea y que probablemente por el bien del Divino mismo y por nada más, porque tal es la llamada intrínseca de su ser, la verdad más profunda de su Espíritu.

Pero esta búsqueda del Divino, completamente desinteresada, es una posibilidad distante para la mayoría de los sadhakas, accesible sólo a yoghis muy adelantados. En un nivel menos avanzado, un sadhaka puede rogar seguramente por la pureza, la fuerza, la luz, el amor, la sabiduría y la calma de la consciencia divina, e insistir para transformar y perfeccionar su mente, vida y cuerpo. Sin duda puede suplicar al Supremo, paz, gozo perfecto y un dominio total de su naturaleza.

En un nivel todavía inferior es perfectamente permisible para el sadhaka formular sus oraciones de la siguiente manera:

“Oh Divino, guíame por el sendero de la rectitud en cada paso de mi vida. Toma a tu cargo mi existencia entera y moldéala al modo espiritual. Concédeme que mi ser psíquico se coloque en primer plano y gobierne luminosamente todos los movimientos de mi naturaleza. Atiende mi plegaria para que sea capaz de mantener la actitud espiritual justa en todas las circunstancias de mi vida. Envuélveme, oh Divino, con tu presencia transformadora, y cambia mi corazón, mente y cuerpo para que puedan actuar como instrumentos perfectos de tu manifestación”.

También nosotros podemos formular algunas oraciones específicas al Divino; no hay inconveniente alguno en ello. Estas plegarias pueden tomar la forma de:

“Enséñame cada vez más; otórgame cada vez más luz; disipa mi oscuridad. Concédeme que pueda ser ecuánime en mi labor espiritual, que nada en mí, consciente o inconsciente, te traicione por negligencia, al servir a tu misión sagrada. Concédeme que pueda ser un colaborador eficaz y de visión clara en tu obra, y que todo en mi interior pueda fomentar la plenitud de tu manifestación. Oh, mi Amado, llena mi corazón con el encanto de tu amor e inunda mi mente con el esplendor de tu luz”.

Si deseamos orar más impersonalmente, podemos formular nuestra llamada de este modo: “Concede que tu poder soberano pueda manifestarse sobre la tierra y que tu obra sea cumplida; permite que todo se vuelva resplandeciente y transfigurado mediante el conocimiento de la verdad”. (Algunas plegarias citadas anteriormente han sido entresacadas de Plegarias y Meditaciones de la Madre).

En realidad hay muchas plegarias que la consciencia del sadhaka puede encontrar si está dispuesto a buscarlas. Dejemos que toda su vida diaria adopte la forma de un cántico de súplicas ininterrumpido que se elevan ardientemente al amado divino, mientras el sadhaka permanece ocupado en diversas actividades exteriores.

Por otra parte incluso aunque el sadhaka solicite, en diferentes situaciones de su vida, cosas relacionadas con sus intereses mundanos que no poseen más que un valor transitorio, no hay ningún impedimento especial para que sean ofrecidas al Divino. Lo único que debe preocupar al sadhaka es que, en sus oraciones, no debe insistir en su realización sólo para gratificar sus deseos egoístas personales. Su actitud debe ser más bien: “Oh Divino, pido estas cosas en mi ignorancia, pongo mi problema ante ti con la inocencia y el candor de un niño. Ahora puedes hacer con ello tu voluntad en tu divina sabiduría. Aceptaré en cualquier caso tu decisión con un corazón gozoso”. Con esta actitud el sadhaka se mantendrá siempre espiritualmente seguro.

En conclusión, las plegarias son elementos muy importantes en la vida de un sadhaka. Si se ofrecieran con amor y con una simplicidad confiada, ayudarían al aspirante a desarrollar una intimidad cercana al Divino. Por medio de plegarías sinceras el sadhaka llegará pronto a sentir al amado supremo envolviéndolo todo el tiempo con el ambiente cálido de un éxtasis de amor.

Llegamos al final de nuestro largo capítulo sobre la novena actitud en la sadhana diaria que un sadhaka debe poner en práctica de forma incansable si desea que su progreso en el sendero espiritual avance firmemente con un fundamento sólido. Las nueve actitudes en esta sadhana incesante son, como hemos señalado más arriba:

(1) Ser consciente de uno mismo; (2) estar siempre vigilante; (3) dar un paso atrás y examinar; (4) no manifestar en la acción; (5) integrar el ser; (6) observar, vigilar, controlar y dominar; (7) tomar la vida seriamente; (8) recordar y ofrecer; (9) orar siempre. Una observancia fiel de estas nueve actitudes en la sadhana de la vida diaria de un sadhaka no puede sino transformar el sentido total de su existencia, tanto interior como exteriormente, y convertirlo en un aspirante digno de tal nombre.

(Extraído del libro “La Práctica del Yoga Integral de Sri Aurobindo”, de Jugal Kishore Mukherjee)